miércoles, 21 de octubre de 2009

Capítulo 13: Éxtasis.

Sábado 9:00 de la mañana.

-Le vuelvo a repetir que La Universidad Beasts no se hace responsable de lo que ocurra en el terreno del campus-Explicaba nervioso y a la vez enfadado el director Josep Manuel de la Vega- Como ya le he dicho los alumnos de nuestro centro son mayores de edad y nada más entrar firman un contrato de alquiler y en el que se hacen cargo de lo que pueda suceder en esa área.

El inspector Ramírez, un hombre de unos cuarenta y pico años de estatura mediana y anchura normal se rascó la barbilla. Tenía sueño y no era la primera vez que tenía un caso de asesinato, pensó que con suerte no le llevaría muchas horas y podría marcharse a casa. -¿Puede enseñármelos?
-Por supuesto-Josep se agachó y empezó a rebuscar entre los cajones de su elegante escritorio.
-Ah...Y si no es molestia quiero un informe de sus últimas clases, saber la última vez que fue visto y si tuvo alguna disputa con alguien del centro...

Unos minutos antes del concierto.
Era sábado por la noche. La luna brillaba con intensidad alumbrando el gran campus de la universidad. Esta no era una noche cualquiera y Marina lo sabía, la luna le llamaba, la noche la necesitaba y ella estaba dispuesta a responder a su llamada; por fin había despertado. Desde que entró en la universidad no había sido ella misma, había sido débil y frágil, una Marina desconocida, pero se acabó. No se iba a comer la cabeza con el asesinato ocurrido, no tenía la culpa y quería ver a Zacarías, todas sus preocupaciones se fueron al ser bañada por el resplandor de la luna llena. Marina salió de la ducha y se colocó enfrente del espejo admirando su hermoso cuerpo, un cuerpo que envidiaría cualquier persona, se sintió fuerte, capaz de hacer cualquier cosa. Se acercó al cristal empañado, se miró los ojos almendrados y sonrió con una risa picarona. Después destapó el pintalabios negro, restregó la barra por sus jugosos labios hasta que estuvieron completamente pintados de un extraño negro claro. Poco a poco se fue colocando una camiseta larga de color azul marino que servía de vestido y que le llegaba por muy encima de las rodillas, dejando ver sus piernas perfectas, después se colocó unos altos tacones rosas de aguja, por último volvió a mirarse en el espejo, miró su pelo rubio desordenado y salvaje, se echó el flequillo hacia atrás, se pintó la raya, y finalmente se echo el rimel y la sombra de ojos de colores, tardó bastante rato pero valió la pena: Enseguida sus ojos parecía dos abanicos multicolores. Se miró por última vez en el espejo, parecía una diosa salvaje preparada para la cacería y en verdad lo estaba: era hora de volver a ser ella misma. La música retumbaba con fuerza por todas partes. Estaba completo de gente saltando, música a todo volumen, luces y alcohol.Marina no tardó en llegar, abrió a puerta con decisión y dejó que aquella música impregnara sus oídos, que las luces se metiesen en su rutina, que la adrenalina de la gente se le pegase. Pronto el ritmo llegó a sus venas y se deslizó bailando, consumida en su propio mundo hasta el centro de la pista sin ser consciente de que todas las miradas estaban puestas en ella. Se reunió con sus amigos donde Ángel le abrazó. Enseguda Joel y Zacarías con un muchacho más empezaron a tocar y Marina dejó que la música la poseyera, pronto su cuerpo se convirtió en una simple marioneta guiada por el ritmo, ágil y ligera.


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- Era el director. Quieren vernos a los jefes de las casa para hablar con nosotros por lo del profesor- Dijo Max sacando a Marina de su propio mundo.
-¿Qué? ¿A las tres de la mañana?-Contestó Irene insólita.
-No, quiere vernos mañana por la mañana, a primera hora.
-Necesito tomar al aire-Dijo Marina y se dirigió hacia la salida.
-Pobre...-Susurró Raquel.
-Bueno, es inocente ¿no?, no tiene porqué preocuparse.


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Marina estaba agotada, su cuerpo estaba sudado pero aún tenía fuerzas, ya había pasado casi dos horas desde que había venido y no había parado ni en un solo momento. Salió hacia afuera dispuesta a tomarse un cigarro, agradeció el viento frío del campus. Encendió el cigarro y dejó que el humo inundara sus pulmones, relajándola. Empezó a caminar entre los árboles cuando oyó un ruido. Marina saltó sobresaltada pero se relajó al ver que era Aurora.
-¿Qué haces tú aquí?-Preguntó Marina con desdén.
-Quería dejar las cosas claras-Contestó Aurora con voz inocente.
-Márchate, quiero estar sola.
Aurora chascó los dedos y de entre los arbustos salieron dos chicas más. Una chica negra de pelo corto y otra de pelo moreno largo.
-Cogedla-Ordenó Aurora.
Las dos chicas se acercaron a Marina que retrocedió.
-No os acerquéis putas.
Pero la amenaza fue en vano, las chica de piel negra la agarró por detrás, inutilizándole los brazos mientras que la chica morena le agarraba del pelo ya que intentaba soltarse. Aurora se acercó como un cazador a su presa.
-Ahora mando yo-Dijo con sorna- has sido una chica mala ¿Lo sabías?
La mano de Marina aprovechando que las dos chicas habían aflojado la fuerza se escapó e impactó en la cara de Aurora que empezó a salirle sangre del labio.
-¡¡Joder!!
Enseguida las dos chicas volvieron a coger a Marina y la chica de pelo largo empezó a tirarle con más fuerza del pelo, pero Marina no se quejó. Esta vez al bofetada la recibió ella, Aurora empezó a bofetearla sin piedad hasta que finalmente paró.
-Pídeme perdón, zorra.
Marina acercó su cabeza a Aurora, se acercó tanto que Aurora pudo percibir su aliento. Marina abrió la boca, no dudó y sacó su delicada lengua y se la restregó a Aurora por debajo del labio chupando la sangre de la hemorragia producida por su bofetada de Antes. Aurora se quedo quieta, sin saber qué hacer o qué decir mientras Marina lamía la sangre.
-Me vengaré-Susurró Marina en su oído.


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-Jajajaja- Irene reía y no sabía porqué. Quizás debía de haber rechazado aquella pastilla que le había dado Max...¿Pero qué decía? No se arrepentía, esa sensación que estaba sintiendo era máxima.
Max también reía, caminaban dando zumbos de un lado a otro por la calle.
-Pásame-Dijo Irene.
Max volvió a reir.
-Toma anda-y le dió una pequeña pastilla blanca de una bolsita de plástico que tenía en el bolsillo.
Irene la cogió y la aplastó entre sus dedos, después colocó el polvo resultante en la planta de su mano.
-¿Me quieres?-preguntó ella.
-¡Claro, cariño!- Y Max le dió un beso con lengua.
Irene se tapó el orificio derecho de la nariz y la misteriosa sustancia se sumergió sin dificultad por sus fosas nasales.
De pronto cayó al suelo, pero Maz no se alteró, se sentó en la cera de la calle al lado de ella mientras seguía fumando el porro que llevaba en la mano.
-¡Irene!-Gritó Ángel al fin cuando la encontró.
Se acercó a ella y le abofeteó delicadamente el rostro.
-¿¡Irene estás bien!? -Enseguida se dio cuenta de que le sangraba la nariz.
Deja a mi novia, mamón!-Gritó Max apartándole de un empujón-¡Es mía!
Max, le ha dado una sobredosis!
Max agarró a Ángel del cuello y lo estampó contra la pared. Por primera vez Ángel temió por su vida.
Suéltame!
Pero Max no le pegó ni le soltó, le besó. Sus labios chocaron con tanta violencia que le hizo daño a Ángel. Este apartó la cara tan rápido como pudo. Max se bajó la cremallera.
-¡Venga Maricona, si sé que te gusta! ¡Chupamela joder!
Suéltame hijo de puta!
Max intentaba agachar a Ángel mientras este se defendía como podía.
-¡Ya lo has oído cabrón! ¡Suéltale!
Y todo ocurrió muy rápido, Joel apareció por detrás, giró a Max y le propinó un buen puñetazo haciéndole caer al suelo.
-¿Estás bien?-preguntó nervioso.
Ángel respiraba con agitaciónes, cuando al fin recuperó el aire miró a Joel, a sus ojos azules claros preocupados, a sus labios entre abiertos... no dudó, quería hacerlo y lo necesitaba; le besó. Joel se quedó quieto, sorprendido pero después para su sorpresa le siguió y los labios se mezclaron entre sí con delicadeza y pasión.
Joel se apartó.
-¿Qué haces? ¿Tú también estás borracho?
-No me encuentro bien...-Dijo Ángel sin saber qué decir y de pronto cayó en cuenta de una cosa- ¡Irene!
Joel agarró el móvil y marcó a una velocidad sorprendente.
-¡Una ambulancia porfavor!
Ángel se acercó a Irene e intentó hacerle racionar, pero era demasiado tarde. La sustancia recorría sus venas y había llegado al cerebro perforándolo con una fuerte sensación de ardor.
Ya se encontraba en un mundo hecho para ella, de luz pura donde no existía el dolor y donde sí que existía el placer, un lugar dulce y lejano que ahora estaba al alcance de su mano, por fin sintió un pequeño éxtasis, creyó sentir como su alma era abrazada por Dios, un lugar donde las palabras de su amigo llegaban de forma difusa, casi inaudibles...


()


Raquel se aburría, ella no era de fiestas y no sabía muy bien porqué había venido, quizás porque ya no era la misma Raquel de siempre... Estaba apoyada en la pared, mirando a la gente bailar, Marina hacía tiempo que había desaparecido, Irene y Max también, después Ángel y por último Joel, se sentía sola, ya que Zacarías conocía a más gente. Cuando al fin decidió marcharse oyó una voz masculina ya conocida.
-Estás guapísima esta noche.
Raquel alzó la mirada y se encontró a Daniel. Enseguida se puso colorada.
-Gra-gra-gracias...
-Shh..., no digas nada- y Daniel colocó su dedo en los labios de Raquel- Hace tiempo qeu tenía ganas de haces esto.
Raquel se quedó mirando los ojos verdes de Daniel sin saber qué decir, pero no hizo falta, este le besó y ella se dejó llevar. Se dejó llevar por la pasión y por el deseo, todo desapareció a su alrededor y sintió que sólo existían ellos dos. Por una vez quiso que se deteniera el tiempo, que ese momento durara toda la vida.... Pero cuando se dio cuenta sus labios se habían despegado de los de Daniel y este se encontraba en el suelo. Pronto la multitud del concierto se agrupó alrededor de Daniel y...Victor.

()

-¿Es usted Marina?

-¡Mierda correr!-Gritó Aurora al ver unas cuantas personas acercándose con linternas a su situcación.
Enseguida las tres chicas salieron corriendo dejándo a Marina allí tirada. El inspector Ramírez se acercó a la chica. Estaba arrodillada con el labio roto y lleno de sangre, supuso qeu había llorada pues el negro maquillaje de la raya de los ojos caía por su cara.

-¿Es usted Marina?-Volvió a repetir él. Ella no contestó. Ramírez miró una foto que llevaba en el bolsillo de la chaqueta.

-Es ella, cogedla, llevarla a comisaría. Los policías cogieron a Marina, la esposaron y se la llevaron. Ella no replicó, estaba claro que el mundo había decido acabar con ella pero no, da igual los golpes que le diesen, cierto que siempre chocarían contra ella y la quebrarían pero nunca la romperían, NUNCA.

-¡Marina! ¡Marina!- gritó Zacarías al ver se la llevaban- ¡Marina!

Pero Marina no le miró.

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